
Tu mano
ha traido en su palma entrega,
un ramillete de tiernas caricias
que regalas,
sonrojado,
cuando ves que te miro y que me miras cabizbajo,
diseñando caudales de dicha
que colman, por un breve,
mínimo,
ínfimo instante
el insustancial vacío que origina hoy mi forma.
Tus ojos,
aún brillantes,
aún brotantes de deseosas dichas,
traspasan el pozo negro de mis grietas,
agujeros de espacio que temen absorver tu entrega,
dejando tu inocente intención
en la más profunda de las nadas.
Tu piel,
tersa y suave,
aún no bañada de tardes de astío,
contrarrestra con la superficie rodia de mis surcos,
aspereza que erosiona tejidos dúctules
limándolos como haría
si te tuviera entre mis piernas.
Este egoismo esarcebado,
maniaco e imprudente que me persigue y domina,
te sumergiría allí donde tu luz purificadora te cegaría,
dolor visceral sin causa de consuelo alguno
Deboraría tu esencia
hasta mi hoy infinita.
Huye,
vete lejos,
antes de que mi boca
coja el tren de la cercanía
17 de febrero de 2008
ABONO ANUAL
Publicado por
Las siete vidas de una gata
a las
11:21
