
Busco el hilo que recomponga
mi maltrecho caminar arbitrario,
sin disciplina que lo mantenga en rumbo marcado,
sin sueño, hecho carne, que haga vibrar mis noches.
Tengo, tengo la aguja
con la que coser mi difusa esencia,
rota por capiteles que carecian de basa,
de fuerza de agarre que sostenga mis ruinas.
Abro el costurero y no hayo dedales
que me protegan de mi propio errar insistente,
clavándome, incipiente, hasta hacerme daño,
lo que debo, tengo, y hago por otros.
Y nuevamente dejo un lado
mi quehacer diario,
la costura con que hilvano que seré tras unos años
y me deshago, gustosa, en habatares impropios,
reconociendo, en mi fondo, un espíritu vago.
6 de diciembre de 2007
SIENDO SINCEROS
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Las siete vidas de una gata
a las
9:08
