
Barada,
helada,
me quedé esperando una llegada nunca prometida,
en mi cerebro consumada
con tu imagen precisa reposando en mi hogar.
Engañada,
dividida
por utopias que revosaban mis doctrinas póstumas,
infligiendome un dolor por ti no sabido,
concretado y definido
al reinventar mi forma
cada vez que regalabas dosis de ti.
Concentrada,
absorvida,
anulada
y desgarrada
quedé en esta desidia de tiempo
vomitada por tu dejadez.
Recompongo mi lecho de inútiles cesiones,
con las piezas que olvidaste pisar tras tu partida,
sin encontrar la más importante,
nuevas ganas de seguir
30 de enero de 2008
TRANSGREDIDA
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Las siete vidas de una gata
a las
12:58
