
En su día
vi en tus ojos
la opción de abandonar soledades,
un cielo abierto a nuevas tierras
que se arraigaban en tu nombre.
En su día
la ternura
fue tejida por ti en mis piernas
a golpe de la insaciable tortura
de tu huida con billete, siempre, de vuelta.
En su día
olvidé que mi presente
debía centrarse, en mi ya lesionada, presencia
pintando en un banco sentada
tu nombre en la más dura de las arenas.
Y hoy,
depués de los días en los que tu siembra quedó yerma,
creciendo ilustres espigas en terrenos, hasta ti, infértiles,
hoy que recojo el grano,
y pruebo el pan que amaso, sin más memoria, que mi boca,
enciclopedia de usos que aprendió a base de ser abandonada,
hoy después de que el frío de tu ausencia me helase,
hoy que ya sé construir con troncos mi casa,
hacer un fuego sin rescoldos de tu olvido,
tejer mi ropa con agujas que extraje de nuevos epitafios,
clavados en mí tras posteriores delirios,
hoy te veo,
cabizbajo,
marchito,
pidiendo sin ser niño, una cuna de abrazos llena,
olvidando el pasado,
recapitulando sentidos que unieron nuestro letargo,
hoy sigo cosiendo mis ropas,
mientras te invito a pasar de largo.
25 de noviembre de 2007
CENTRADA
Publicado por
Las siete vidas de una gata
a las
19:06
