
Te ubico
en mi despertar cada mañana
en cada tarde de café
delante de la vidriera que nos vio un día juntos.
Te ubico cada noche,
al poner mi cabeza sobre la almohada,
hilvanando sueños que me llevan a tu nombre,
en los que desgrano mi interior,
dolorido tras tu marcha.
Te ubico en mi pasado,
ese que bebimos como sedientos en un mar de agua dulce,
como penando por un dios, hasta encontrarte, negado,
como el hambriento en un campo lleno de cerezas.
Te ubico en mi presente y en mis pasos,
en el rumbo que hoy me mantiene continua,
arrastrando un baul en el que descuartizado guardo
tu recuerdo lacrado en mi piel corroida.
Te ubico en un mañana que se presenta lacónico,
sin ordenar, sin forma, carente de vida,
no sabiendo ni encontrando coherencia
que de paz a los días que me regaló tu ausencia
22 de noviembre de 2007
PUNTO DE PARTIDA
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Las siete vidas de una gata
a las
22:22
