
Tus ojos padre
se negaron a ver la realidad que le rodea,
ocultando los rescoldos que dejó en tu entorno la fortuna,
sin destellos de alegría innata en su forma,
en los que rascando y rascando,
sin duda se crece.
Tus ojos, padre,
se perfilan en tus manos
yemas que vuelven a descubrir el mundo a cada paso,
tambaleando e inseguro, pizpireto en tu marcha,
tenaz en tu misión aunque te sonría la desgracia.
Esas manos eran enormes
cuando de pequeña me acurrucaba en tu regazo,
jugando en tu pecho con mis dedos
mientras me llenabas de arrumacos.
Esas manos, luchadoras,
llenas de callos de trabajo,
duras, fuertes, admiradas
por el brillo de mis ojos.
Manos padre, que se tornaron suaves,
dulces, blandas, dadoras de pureza,
manos de ternura e inocencia,
redescubriendo el mundo que te rodea.
Eres un niño asustado,
que ahora se acurruca en mi pecho firme,
y tiembla, inconsciente, en el refugio de mis brazos,
esta vez siendo yo el garfio que cierre tu rotura,
esclareciendo,
entre ambos,
paso a paso,
tu nueva vida.
22 de noviembre de 2007
UNA NUEVA MIRADA
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Las siete vidas de una gata
a las
21:17
