
No sé donde dejé,
cenicienta en sus fauces,
la utopía de quererte,
tenerte
y hacerme tuya.
No sé en que divagar de mis zapatos cansados,
erré al intentar hacer tuyos mis descansos,
aminorando la marcha de tu celerado caminar.
No sé por qué motivo insensato
me bajé de este tren en marcha
que no me llevaba a ninguna parte.
Anuncio la despedida de tus formas,
en mitad de ninguna ruta segura
que me lleve a ningún ideal marcado
y predefinido como propio.
Te dejo con tardes en las que ya anuncié esta ausencia
que me bara a peregrinajes inciertos
y te otorgo un camino incestuoso
con una cesta de promesas putrefactas.
Me llevo todo lo que intenté legarte,
con un aroma de recuerdo moribundo en la boca
en una fecha donde la caducidad perdió su rública
como planeta alejado de esta árida tierra.
Entre tu imagen y la mia
quedan noches de lejanas lunas,
desiertos de ambrosia que lameremos en vientres novedosos,
y veremos crepúsculos y auroras
que sacierán el vacio dejado en la almohada.
Te deseo inspirados inicios
lejos de mi amarga presencia,
licor de cuerpos
que te acunarán el deseo,
renaciendo la llama recíproca
en tu, hasta mí, condenado cuerpo.
Se libre, sueña, y hazte nuevo.
12 de noviembre de 2007
TESTAMENTO
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Las siete vidas de una gata
a las
13:29
