Siento que últimamente
no escribo más que memeces
que emanan criptográficas en letras,
sin raciocinio que dé un orden a mis impulsos.
Esta fase estratosférica,
en la que floto como un desterrado,
con movimientos lentos,
corroídos,
corrosivos en su manifestación pictórica,
desnutren mi simiente ya de por sí marchita,
y diluyen, en mil epígrafes postulados,
un quehacer sin fondo en su ya concretada materia.
Me ubico y refugio
como un niño asustado,
en brazos de cualquier sueño que me de alegría,
mientras imploro a un Dios
que fue por mí enviado al fin de sus días,
que me de un motivo que marque mi orden,
una causa que reordene mis días,
un por qué que limite mis confines,
y de sentido a lo que es mi vida.
22 de noviembre de 2007
EN TIERRA DE NADIE
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Las siete vidas de una gata
a las
13:43
