
Luz que brota de mi propia agonía
lejos de un maltrecho augurio socabado
a la espera de un soterrada vivencia
que de sentir al trotar de mis pasos
Allí, en la lejanía,
veo la paz prometida en días cansados
que trajeron en mis manos auroras de certezas
que se hicieron realidades en sus tramos sesgados,
llenando mis tesoros de infinitas riquezas.
Más allá de mi incesante memoria
intento hilvanar suspiros de mañanas,
que traerán consigo el trepar a mil montañas,
que con pico y mis botas
coronaré como propias.
25 de octubre de 2007
ANTE EL RETO
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Las siete vidas de una gata
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