20 de octubre de 2007

PEDAGOGIA




No sé como continuar sin el llegar de tus zapatos,
sin la ausencia postergada de una esperanza incipiente,
sin el zumbido de tu promesa palpitante aún en mi boca.

No sé como continuar sin el esperar de tu llegada,
sin el corazón en la garganta pronunciando tu latido,
sin la oscura mirada de tu lejanía perenne.

No sé como seguir atada a tus zapatos,
sin hilvanarme augurios de incompletos deseos,
sin desechar tu perfil sediento de nuevos encajes,
sin reposar mi paz sobre tu eterna mirada.

No sé como seguir enterrando tu presencia,
palpitante, auyante y sedienta,
en un recodo de luz germinada.

Viviendo en ti, fallezco,
para recuperar esbozos de germinal vida,
sin fé, esperanza ni codicia,
de tenerte por entero en mi cuerpo.

Se acabó la esperanza de navegar en tus adentros,
intentando así vivir teniéndote lejos.