
Cogiste el cielo y la tierra que nos definen
y la materia de la que están hechos los sueños
para regalarme la esperanza de un mundo nuevo
en el que la fé se sintetizara en tu nombre.
A duras penas me encajaste en tu entorno
con la disincronía que mi huida provocaba
concretando mi ausencia en tu mirada
hasta que su hueco estalló en tus lágrimas.
El vacío que te dejo
es la presencia de mil instantes
que me llevo como míos
sin que tu presencia los alcance.
Llénate de vida en otros cuerpos menos distantes,
menos etéreos y presentes
en los que la luna os acompañe
25 de octubre de 2007
TRAS 80 DIAS
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Las siete vidas de una gata
a las
14:06
