
La efusividad de lo furtivo,
la perennidad de lo caduco,
la ambrosía de la ausencia
y la saciedad de lo continuo.
La sobriedad de lo coherente,
la idolatría de lo perdido,
el saber en lo inmaduro
y la ignorancia en lo canoso.
La intensidad de lo prohibido,
el disertar de lo impensado,
lo hayado en lo imperdible
y el vacío que me has dejado
marcan el rumbo de mis días,
la ausencia de mis pasos
y el deseo de anhelar vida
en mi vientre y en mis labios
