
Te buscaba en las calles, con edificio y número
Te buscaba con nombre y apellidos
Te buscaba en lo tangible, lo palpable
Te buscaba en el cuadro sin sombras
Te buscaba en mi mundo,
en mis ideas,
en mis creencias
Por eso volvías a mí.
El fantasma que me ahogaba y agotaba,
el hombre egoísta y egocéntrico
la crueldad de mis horas bajas,
a la que sacrificabas para no sacrificarte tú
Un gesto repetido mil veces,
sobre cuerpos imaginarios y fugitivos,
volviendo cargado de poemas inútiles
llenando destrozados recuerdos
Tú, silencioso hombre de sueños
que llegabas con la mirada triste y cansada
olvidándote a ti mismo,
viviendo sin volverte estatua de sal
A veces contabas las estrellas
y cuando la resaca te vencía,
no encontrabas amigos para la soledad que sentías.
Tu vida es una isla en medio de ninguna parte
No puedo recordar en que momento decidí dejarte perpetuo en mi memoria
Ayúdame a escapar de las letras
que componen tu nombre
de los océanos de lágrimas que invaden mis ojos cuando te haces ausencia
(Y ahora, cuando estoy dejando atrás mi universo cansado y enfermizo, me pregunto de dónde voy a sacar fuerzas suficientes para olvidar todas las lágrimas, los sueños, las iras, las risas, los besos, los abrazos, las luces y sombras de estos últimos años…)
