
Nada cambia cerca de tu ausencia.
El agujero aumenta cual lacra
derramada por el instinto oscuro de verte.
Perdiendo tu orilla
navego en aguas vacías y secas de fuentes inmaculadas,
pureza sedienta de formas nuevas y corroidas.
No encuentro sed de buscarte.
Y aunque dentro de mí está tu imagen,
es solo aire efímero que sale en silencio
por un hueco del tiempo que no para de nombrarte.
Temo la pérdida y la ausencia de un todo.
El corazón vacío chapotea en otra orilla.
Quiero llenarlo
con otro rostro,
otra huella,
otro paso...
otra vida.
4 de octubre de 2007
APERTURA
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Las siete vidas de una gata
a las
23:14
